Después de buscarme la vida por millones de páginas web para ver el partido, no podía creer lo que veían mis ojos. No sentía tanta humillación desde aquel 0-5 contra Colombia en el Monumental en 1993. Ahora dirán que la altura de La Paz (después de vivir allí cuatro años puedo asegurar que es matadora) y que la pelota no doblaba. Yo, mientras tanto, espero que alguien me llame para disculparse.