domingo, 11 de julio de 2010

La columna que no salió publicada

El Mundial acabó para mí hace una semana, cuando Argentina fue tristemente lapidada de Sudáfrica por un rival despiadado, que después de unos días se mostró tan inerte como Maradona a la hora de ordenar técnicamente nuestro mediocampo. Y desde entonces estoy de duelo, soy un alma en pena. No pido que nadie me comprenda, porque no lo van a hacer, pero no tengo ganas de ver fútbol. Ni tampoco de alentar con todos mis pulmones a la Roja, porque aunque mi DNI diga que soy español, mi corazón es argentino... y está completamente roto, destrozado por cuatro arañazos que me han alcanzado el alma y aún no han cicatrizado. Y no es que le dé la espalda a un país que amo con locura, en el que soy un tipo feliz, un lugar que ha visto nacer tanto a mis bisabuelos como a mi hija. No soy un ingrato, ni mucho menos. Soy un hincha de fútbol y no puedo borrar mis lágrimas argentinas con sonrisas españolas. Sé reconocer que estoy ante la mejor selección del mundo, un equipazo con el que mis ojos se deleitan, pero que no consuela mi alma. Espero que hoy se consagre campeón y que mis amigos y mis sentimientos de aquí lo celebren por todo lo alto, como hice en 1978 y 1986, e incluso con el subcampeonato de 1990. Yo aplaudiré, reiré y me rendiré ante los guerreros, pero la pena seguirá peregrinando por mis entrañas.


Soy un hincha y nadie mejor que el fantástico escritor uruguayo Eduardo Galeano para describir mis sensaciones. Dice el autor de Memoria de Fuego que el hincha, que es el jugador número doce, rara vez dice "hoy juega mi club" sino que "hoy jugamos nosotros" y que "como bien saben los otros once jugadores, jugar sin hinchada es como bailar sin música". Y cuando el partido concluye, el hincha celebra su victoria: "qué goleada les metimos, qué paliza les dimos", o llora su derrota: "otra vez nos estafaron". "El estadio se queda solo [...] y el hincha regresa a su soledad, se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval".


Columna que debía salir publicada en Diario LA RIOJA el 11 de julio del 2010. En vez, y a última hora, acertadamente salió ésta de mi amigo Pablo Álvarez, titulada Como lloran los hombres:


Que ya ha llegado la hora, qué coño. Ya basta: estoy, estamos, hartos de alemanes machacantes, italianos potreros, argentinos gallitos. Basta de una vez de brasileños artistas, o de brasileños armados hasta los dientes, que son peores. Que no nos hablen más de los gabachos de Zidane: ésta es nuestra hora.


Sí, España, sí. Los parientes pobres de la Europa rica hemos crecido. De tan hartos que estábamos de maldiciones de quebrados (1/4, 1/8) ha llegado el momento en que ninguna bruja nos da miedo. Porque sí, porque valemos, hoy tenemos que ganar un Mundial.


Dicen lo holandeses que el fútbol les debe un título. Y digo yo: qué va. Y digo yo: nuestra deuda es mayor. Ellos perdieron dos finales de Mundial de cuando los campos se llenaban de bigotudos. A nosotros la suerte -no el fútbol, no el juego- nos ha robado cualquier roce, cualquier cercanía al monte Olimpo. Son muchos años de inferioridad, de complejo de enanismo del que ni siquiera ha pisado una semifinal.


Ganemos esta final, y después acordémonos de unos cuantos. Del árbitro que le robó aquel gol a Michel contra Brasil; de Tasotti, codo de leñador, y de su colega Sandor Puhl, cuya ceguera fue premiada por la FIFA con la final. De Al-Gandul (ya sé que no se escribe así, pero como si me importara) y de los coreanos que robaron nuestra alegría: así les invada el Norte. Ganemos, y digámosles luego lo que les hubiera dicho Maradona.


Quiero volver a llorar esta noche, como dice mi amigo Martín que lloran los hombres cuando su país gana un Mundial. Porque no creía en que esto pudiera pasar y porque, una vez que ha llegado, no encuentro palabras. O quizá no hagan falta: quien entienda el fútbol no las necesita. A quien no, le podría estar hablando un año y se quedaría igual.


Que viva la madre que parió a estos chicos, y que viva España. Ésta va a ser la nuestra: en esta noche de las noches, cosamos una estrella a nuestra camiseta.

5 comentarios:

María Marta dijo...

QUE VIVAAAAAAAAA ESPAÑAAAAAAAAA!!!!
A vos, Martín, ya se te pasará...
Yo, estoy feliz de que haya ganado mi madre patria... Y no por quedar bien con tus amigos españoles... SINO PORQUE YO, AMO A ESPAÑA, LA RIOJA, LOGROÑO..... Y... TAMBIÉN AL BARÇA!!! (de dónde provienen algunos de los jugadores importantes....)
Preguntale al Anónimo que dice que te hizo una apuesta, qué tenés que grabarte en el culo... y hacelo... Las apuestas son las apuestas... y el escudo el Barça es solo para algunos privilegiados...
Buenos Aires es una fiesta!!!
En la Embajada de España, no han servido pulpo a la gallega, sino asado argentino... y luego han salido de caravana, al Monumento de los Españoles, y de allí al Obelisco, donde el Diego se iba a desnudar... Prefiero muchísmo mas, estar viendo a gente feliz, festejando... Agitando su bandera!!! y cantando: Que viiiiiiva Españaaaaaaaaaaaaaaa!!! La mitad de la población, tiene raíces españolas... y la gente toca la bocina en las calles...
Bueno, no sé qué más decir...
Felicidades a todos los españoles... y a los que no lo son: agua y ajo....!!!
Cariñosamente,

Bartmillo dijo...

Nobleza obliga: felicitaciones a todos los españoles que visitan este blog del amigo Martin.
Saludos a todos, hasta el próximo campeonato de cualquier cosa donde juegue un argentino y un español.

Anita dijo...

...festejos y celebraciones desde Colombia..!!..y para vos, todo mi cariño y un fuertote abrazo..!!Anita.

Pegaso dijo...

Gracias a todos, mi felicidad es enorme, y que conste que aquí en Argentina ha habido mucha gente que se ha alegrado, no solo los españolitos.

Bartmillo dijo...

Pegaso, toda mi familia hinchaba por España, mis padres, mi esposa, mis hijos, era el único "naranja".
Pero pegando como pegó holanda no se merecia(lamentablemente)llevarse la Copa. Saludos