Me considero una persona que respeta el medio ambiente. En casa reciclamos lo mejor que podemos, separando lo que debe ir en cada uno de los distintos contenedores que adornan nuestras aceras. También estoy a favor de las energías renovables y de los transportes que no dañen el medio ambiente, como la bicicleta, aunque sea un poco remolón a la hora de ponerme a dar pedaladas y tenga la mía estancada en el balcón de casa cubriéndose de gloria (y de óxido). Por estos motivos, aplaudo la creación paulatina de una red de carriles bici en la ciudad, que empezó a diseñarse hace unos años y que hoy se empieza a vislumbrar por las calles de Logroño.
Sin embargo, creo que los ciclistas logroñeses deberían utilizar correctamente la infraestructura que hemos pagado entre todos los ciudadanos y tener, de la misma manera, un mejor comportamiento cívico. Porque conducir un vehículo de tracción a sangre no les da el derecho a ser ciclistas y peatones al mismo tiempo; y cuando mejor les venga a cuento. Es decir, si existe un carril bici en Muro de Cervantes, como el que hay en la actualidad, que se respete y no se invada la calzada, como le ocurrió al ciclista al que ayer casi atropello cuando, en vez de continuar por su carril, se metió delante del morro de mi coche.
Además, si circulan por una calle que no tiene este tipo de sendas -en la mayoría de los casos- y estén obligados a circular por la calzada, considero que deben respetar las señales de tráfico, las rotondas y los semáforos. Porque es igual de peligroso un conductor que ha decidido saltarse alguna de las normas viarias que uno que va en dos ruedas.

Una bella joven circula correctamente por un carril bici logroñés. La foto es de Zuri Díaz Uriel.