Hace poco hablaba de las leyes de Murphy, de los caprichos del destino y de las preguntas sin respuesta. Pues esta historia, que es real, y nos sucedió ayer por la tarde, cuando el grupo de amigos que fuimos a Las Landas francesas estaba a punto de emprender la vuelta a casa. Ya con los coches cargados (¿por qué siempre que vamos a este lugar volvemos más cargados que cuando llegamos?), con los niños aseados, sin pelear y manteniendo una conducta ejemplar; con las cabañas completamente barridas y fregadas; con la imprescindible siesta de 20 minutos dormida plácidamente, pasó lo inevitable. Y es que días atrás nuestro querido amigo Uve (para no decir su nombre y delatarlo delante de las cámaras, ¿eh Valentín?) ya había estado coqueteando con el destino.
Resulta que la parte de atrás de la cabaña de este buen hombre, alma viva de este grupo de amigos, daba a un pequeño riacho y durante el fin de semana al sacar su coche -el único 4x4 de la expedición, dicho sea de paso- siempre pasaba demasiado cerca de la canaletilla. Y justo cuando nos marchábamos allí se quedó el Megane Todoterreno, atrapado entre el fango y el orgullo de Uve, que apretó el acelerador hasta dejarlo bien enterrado. Entre cuatro lo intentamos sacar sin ningún tipo de éxito, salvo las ristotadas de todos, que no tenían precio. ¿Resultado? Uno de nosotros, vamos a llamarle Alberto, se tuvo que cambiar toda la ropa por el barro que acumuló en el inerte empujón; otro, de nombre ficticio Abraham, de la risa dio con su coche contra una pared de bambú; yo fui acusado de no poner todo mi esfuerzo en quitar el coche y Dios me castigó con una descompostura estomacal (que todavía padezco), y Uve se vio en la obligación de llamar a una excavadora y ver cómo una John Deere (¿o era una New Holland?) sacaba su bólido del barro. Salimos una hora más tarde pero con una buena anécdota para contar. Un buen fin de vacaciones, sí señor.
El Megane, enterrado en el riachuelo de La Paillotte.
El grupo de colegas intenta sacar el vehículo del fango.

Las trágicas consecuencias del esfuerzo.

La excavadora al rescate.