Andan nuestros políticos un poco alterados últimamente, pese a faltar bastante -más de año y medio- para someterse a las siguientes elecciones autonómicas y locales. Sólo hay que ver cómo se las traen los responsables 'populares' del Gobierno regional con los socio-regionalistas del Ayuntamiento, entre la paralización del sur de la capital, la chulesca ecociudad o el desafiante rechazo municipal a la solicitud de reparcelación del Hospital San Millán.
Todas las semanas vemos cómo las siglas políticas se elevan por encima del sentido común o del bienestar de los ciudadanos, que es correcto recordar, les han puesto donde están. Da igual de qué se trate. Pisotean, de todos lados, el respeto a las instituciones, pasándose por el arco del triunfo (electoral) los buenos modales y, sobre todo, la educación.
Después del aplauso del PSOE riojano a la indicación Viñedos de España; de los supuestos contratos de gente afín al PR para la Fundación Logroño Turismo sin proceso de selección; de la absurda abstención del PP para apoyar a un compañero de Corporación que ha sufrido una seguidilla de actos vandálicos o del espectáculo dantesco que se ofreció hace unos días en las obras del soterramiento, en donde se escuchó alto y sonoro que detrás del presidente no hablaba nadie, ayer vivimos la última ridiculez en materia política.
Mientras los retenes sofocaban los montes cercanos a Ezcaray, a alguien del PP se le ocurrió reclamarle explicaciones a la Delegación del Gobierno, como si fuese el propio Ulecia quien estuviera, mecha en mano, avivando el fuego, cuando es nuestra política y sus actores quienes están en llamas.