Pues me uni a ellos a las 10 de la noche, en un restaurante japones. Despues de un par de cervezas y de un pinchito de sushi (que inculto soy) nos fuimos a una discoteca donde esperaban unos amigos suyos, entre ellos, Jorge, el consul mexicano, todo un personaje que habia vivido tres anios en Buenos Aires, a 200 metros de mi casa. Si es que la vida es un panuelo y nosotros varios mocos que se juntan.
Entre copa y copa, la cosa se alegro mucho y en un momento dado, aparece en la discoteca un grupo de 30 espanoles, entre los que estaba Miguel Poveda, un cantaor catalan que tiene un arte que impresiona. Pueso eso, que acabamos la noche como a las 4.30, sin un mango (me tuve que volver caminando durante 20 minutos a 5 grados bajo cero), pero marcando unos bailes con el Poveda que ni les cuento.
La resaca todavia la tengo en el cuerpo, porque si el jueves fue el flamenco el que saco a menear mis casi 100 kilos, ayer fue la salsa cubana, porque despues de una cena con unos amigos ucranianos en un restaurante local, acabamos la noche en el Caribean, un garito impresionante, con un grupo latino llamado Dislocados. Hay que ver como se mueven las ucranianas al ritmo de la salsa. Hoy ya no puedo mas, aunque se que mi padre esta pergeneando algo en un sitio llamado Decadence, que es como me siento ahora, un atentico decadente.
Rocio y yo con Miguel Poveda.
Nosotros tres, en la plaza de la Independencia y todavia sobrios.


