Llevo una semana en Argentina y los asados, empanadas y malbecs ya se empiezan a notar en un cuerpo que ya de por sí es generoso, por decirlo de alguna manera. Y todo con una hija que está descubriendo que tiene una familia. Y que es muuuuuy grande y heterogénea. Por eso, debo ser, en estos momentos, uno de los hombres más felices del mundo. Mejor me quedo callado (que me emociono) y muestro algunas de las imágenes de estos últimos días. A los de allá, los dejo con la revuelta vida política. A los de acá, espero poder tener tiempo para disfrutarlos a todos. Y quiero dejar un mensaje especial a los azules (ellos saben bien a quiénes me refiero): se viene la revancha en Villa Mercedes en la que se irán a casita humillados. Contaremos más en posts futuros.
La era del "Clon Digital": ¿Quién alimenta a tu otra mitad?
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Hasta hace poco, nuestra identidad digital era un collage estático: una
foto de perfil, un currículum en LinkedIn y un rastro de "likes". Pero
estamos c...
Hace 2 semanas